Jim iba andando por las calles de Nueva York. Apenas hubo aterrizado, se abandonó a las calles de esa gran ciudad donde se infiltraba entre la gente pasando desapercibido, ¿qué había ido a hacer alllí? buscar una historia más para poder contar, ¿a quién? no lo sabía, pero tampoco le importaba mucho, veía a la gente reír, con la mirada vacía y perdida en su propio infierno, pero ya se sabe que el único modo de escapar del infierno es matando al diablo.
De la abarrotada calle principal, Jim se dirigió a un intrincado laberinto de callejuelas donde era la noche la que predominaba sobre el día.
Al contrario de lo desolado que parecía estar, el sitio estaba repleto de gente andrógina y extraña que, como él, andaba perdida de droga en droga, de copa en copa.
Sin saber cómo ni por qué, siguió a un travesti que acababa de conocer que se llamaba Candy Darling, y lo encontró.
Era otra dimensión, esta vez más oscura y dolorosa, las notas de una banda de rock dura y underground rasgaban el ambiente mezclándose con los siniestros globos plateados que decoraban. Todo el mundo bailaba rítmicamente a golpe de guitarras, látigos y pinchazos.
Avanzó unos pasos y ya tenía una copa en la mano, unos poco másy llegó a los látigos donde empezó a moverse sin sentido al son de la música.
Sudoroso, se dejó caer en un desvencijado sillón compartido poor dos hombres y una mujer haciendo un extravangante ejercicio de lo que por allí llamaban arte.
Estaba en la Factory.


Caray! como para leerlo en una clase de informática... jajajaj ;)
ResponderEliminar